Revista Sevillanas
Entrevistas

Bárbara Rosillo: «La mujer se ha cubierto la cabeza en España desde siempre»

La doctora nos abre las puertas de su casa para hablarnos de algunos de los entresijos de la moda del XVI y XVIII

En el siglo XVI, España era la superpotencia mundial que marcaba la moda en toda Europa. Época más bien austera, aunque no exenta de lujos. Sin embargo, sería la indumentaria a la francesa del XVIII la que se convertiría en el traje de la mujer por excelencia. Afloraba la piel, la sensualidad y el erotismo que le darían protagonismo social.

Bárbara Rosillo trata estas y otras muchas cuestiones en su blog Arte y demás historias, con enorme éxito. La doctora nos abre las puertas de su casa para hablarnos de algunos de los entresijos de la moda del XVI y XVIII y de su próximo libro: La mantilla española: símbolo, tradición e historia (Almuzara), escrito en colaboración con la diseñadora de moda sevillana Delia Núñez

– España marcó la moda en Europa durante el siglo XVI. Sin embargo, era muy austera.

– Sí, era austera, pero eso no quiere decir que no fuera lujosa. 

– Incluso había cierta negación de la figura de la mujer, ¿no es así? 

– Sí. Se puede decir de cintura para arriba. Luego se pusieron de moda los ahuecadores de faldas con caderas de medio metro por cada lado que podían resultar muy eróticos.  

– ¿Hubo algo de erotismo en esa moda?

– Si no son cosas muy obvias, es muy difícil saber lo que para aquellas gentes era erótico. En España se consideraba que los pies femeninos eran un atributo muy erótico, de modo que se lo cubrían. Las faldas eran muy largas con pliegues para ocultarlos. En otros países no tenían ese matiz. Hay un texto que dice que cuando una española enseña un pie ha entregado su último favor.

Cotilla. Hacia 1730. LACMA. Los Ángeles

– ¿Por qué las mujeres aparecen tan planas en los retratos? 

– En los senos se ponía el precedente del corpiño, que se llamaba cartón de pecho. Una especie de tablillas de madera o plomo que se vendaban. En los retratos de buena parte del XVI, desde la emperatriz Isabel, la mujer de Carlos V, hasta el siglo XVIII, el torso femenino en la pintura española era completamente plano, como el de un hombre. A partir de este siglo cambia el concepto.  

– Se mostraba poco la piel. 

– Nada. Solo la cara y las manos.  Cuando se pusieron de moda los cuellos de lechuguilla, todo estaba tapado. Los peinados eran hacia arriba porque no había espacio, ocultaban incluso las orejas. Durante el XVI y parte del XVII, el traje era como un cofre para la mujer. 

– ¿Hasta cuándo hubo hegemonía española en asuntos de la moda?

– Hasta principios de XVII. Después pasa a Francia y Holanda, que también tuvo protagonismo.  

– ¿Podemos decir que la moda francesa del Siglo XVIII era más sensual?

– Absolutamente.

– ¿Y Luis XIV, el más refinado?

– Sí. También lo era Felipe IV de España, lo que ocurre que las ideas sobre la presentación de su persona eran muy diferentes. Luis XIV era un hombre muy refinado que tenía una visión clara de dónde quería colocar a su país. Tenía al brillantísimo ministro Jean-Baptiste Colbert, que abrió numerosos centros de manufacturas en Francia con encajeras venecianas, haciéndose con una industria muy potente. El encaje veneciano se consideraba uno de los más primorosos. Eran muy caros y suponía un estatus alto. A partir de entonces, se utilizó en la ropa interior y exterior.

– ¿Cómo se transmite la sensualidad en la mujer del XVIII?

– A través de escotes muy despejados. Aunque el escote había aparecido antes, en el siglo XV. Isabel la Católica lo puso de moda y también Juana la Loca, pero menos prominente. Al principio del XVIII surge esta moda que es paulatina. Se comienza a enseñar también los antebrazos. La mujer muestra el cuello, un escote profundo y marcado y los antebrazos. Exhibía más la piel y ganaba más protagonismo en la sociedad. Los escotes generaron muchas críticas, sobre todo desde ambientes eclesiásticos.

– Cómo surgió el concepto de moda en aquellos tiempos.

– Salía de las Cortes. Era de arriba abajo hasta el siglo XIX.

– ¿Cuándo comenzó a mostrarse las piernas?

– Estuvieron ocultas hasta los años veinte, después de la Primera Guerra Mundial. Aunque a finales del XIX surge el traje de chaqueta que la mujer copia del modelo masculino y se pueden ver los tobillos. 

– ¿Por qué el XVIII dio protagonismo a la mujer?

– Porque cambia el modelo de sociabilidad. Francia ya lo tenía desde el XVII. Había grandes damas, gente muy refinada e intelectual como Madame de Sévigné. Ella siempre ha sido la que ha socializado; ha dado de comer, ha abierto su casa fuera modesta o rica. Entonces, no había bares ni cafés y la gente se reunía en casas donde acudían intelectuales, artistas, políticos, aristócratas, creándose una nueva sociabilidad en la que la mujer era la anfitriona de los grandes salones. Esto se exportó después a otros países como España. 

– Qué indumentaria femenina es la más sensual en estos siglos.

– El traje a la francesa del XVIII es el vestido de la mujer por excelencia. En español se llama bata, porque tiene una cola que surge de la parte superior que se asemejaba a una bata de estar por casa, pero la denominación es traje a la francesa. Se muestra el escote, el cuello, los antebrazos y tiene un pequeño o gran ahuecador que dan protagonismo a las caderas y la cintura es muy estrecha. Es un símbolo erótico. El pecho se realza con la cotilla, que es un corpiño emballenado. Era como un Wonderbra que oprimía la cintura y potenciaba el busto. Primero se colocaba la camisa, tanto para hombres como mujeres, y sobre ella se ponía la cotilla. Normalmente necesitaban ayuda.  

– ¿Y los peinados? 

– En un primer momento eran muy exagerados. Como una especie de montaña de pelo sostenida con alambres que se llamaba peinado a la fontange. El nombre viene por una jovencísima dama de la corte francesa, la duquesa de Fontage, amante de Luis XIV. Cuenta la leyenda que se le cayó el arreglo que tenía y se hizo uno más sencillo a toda prisa que a él le gustó. Y se puso de moda. Con el traje a la francesa vino otro extremadamente sencillo con un moñito en la coronilla. Como había más espacio se pusieron de moda los grandes pendientes. Todo era cuestión de proporciones. Había más espacio y se podían llevar otras cosas. Cuando María Antonieta de Austria llega a Francia, se casa con Luis XVI y populariza un peinado a la vertical que no para de crecer. El peinado se convirtió en una especie de lenguaje que expresaba los sentimientos de la mujer. También los hubo a la jardinera, en el que la gente se metía verduras. El siglo XVIII es uno de los momentos más disparatados y complejos de la historia de la indumentaria.

– ¿Me puede poner un ejemplo?

– Francia luchó junto a Estados Unidos en su guerra de independencia contra Gran Bretaña. Para festejar la victoria de una de las batallas, María Antonieta se hizo un tocado con un barco con el nombre de la contienda, en un claro mensaje político. El impacto de la imagen fue brutal. Aquello fue un icono total que no podemos ni imaginarnos hoy. Entonces, la aristocracia y la realeza eran los depositarios de la moda, como hoy lo son los actores y las actrices.

– ¿Desde cuándo se tiene conciencia de la imagen en femenino?

– Desde la Baja Edad Media. Por ejemplo, Isabel la Católica era muy cuidadosa con su imagen a la hora de transmitir la majestad real o la importancia que atesoraba como gran dama. Cada tiempo posee una mentalidad, porque no tiene nada que ver el momento de la contrarreforma de Felipe II con la de Luis XV, en pleno siglo XVIII, un momento de más paz con una burguesía pujante y un nuevo modo de vida de más confort que se traslada a lo cotidiano.

– Todo ostentación.

– Por eso hasta finales del XVIII hubo constantes pragmáticas contra el lujo. Pero no solo en España, sino también en Inglaterra y en Francia. Se prohibieron toda una serie de materiales y ornamentaciones. Primero para no tener que comprarlos en el extranjero como medida de protección que se instauró en toda la Edad Moderna. En el caso de Felipe IV, se prohibieron las lechuguillas porque eran cuellos tan costosos y grandes que implicaba mucho material. En España adoptaron una valona sencilla llamada golilla. El rey fue el primero en predicar con el ejemplo dando una imagen muy serena.

– ¿En todos los países se hizo lo mismo?

– No. Son conceptos distintos de países diferentes. En España, hasta que llegaron los Borbones, era yo soy el rey. Los retratos son de un señor de negro de una sencillez apabullante. El toisón de oro, que es el símbolo de la gran dignidad, lo tenía colgado de una cuerda, ni siquiera de una cadena de oro. Era la imagen de majestad, no necesitaba nada más porque poseía todas las joyas posibles. En cambio, los Habsburgo mostraron su dignidad de forma diferente en el caso masculino con la moda francesa del XVIII. Se vestían de rosa, de rojo, de seda, con bordados y un lujo muy sofisticado.

– ¿Cuándo comienza la mujer a enseñar los pies?

– Los exhibe a finales del XVIII con un vestido llamado a la polonesa que muestra el pie hasta el tobillo.

– ¿Y el tacón?

– Lo usaban antes. Luis XIV utilizaba tacones. Él puso de moda el tacón rojo como signo de estatus social. El zapato masculino del XVIII era oscuro con la lengüeta alta, como una pequeña botita con una gran hebilla de metal que se intercambiaba y era considerada una joya. Las utilizaban hombres y mujeres y era ancho y rojo.

Luis XIV de Francia

– ¿Y las plataformas?

– Eran los llamados chapines, que ya los utilizaron en la Edad Media. Era un tipo de calzado cuya característica principal era una gran plataforma fabricada a base de láminas de corcho. El chapín constaba de plantilla, cerco, orejas y suela. Generalmente, no tenían punta ni talón y el pie se introducía ya calzado previamente con un zapato bajo y ligero como las servillas, definidas en el Diccionario de Autoridades como: «especie de calzado, que son unas zapatillas de cordobán con una suela delgada».

– ¿Cuándo aparece el modelo de aguja?

– En el XVIII.

– ¿Y lo que conocemos hoy como braga? 

– No existía. En el XVII tenían de ropa interior la camisa, el calzón y el corpiño. Se ponían medias con una liga, porque el panti es del siglo XX. El hombre sí utilizaba calzoncillo. La palabra está plenamente establecida en el XVIII en referencia a ropa interior.

– Qué me puede contar de su próximo libro.

– Es un ensayo sobre la mantilla española para la editorial Alfaguara que estoy preparando con Delia Núñez, la afamada diseñadora de moda sevillana. Me encargo de la parte histórica desde el origen del velo hasta la actualidad. 

– Prenda muy nuestra.

– La mantilla y la capa son de lo más españolas. Lo usaban todas las clases sociales porque las mujeres casadas se cubrían la cabeza para salir a la calle. La mujer se ha cubierto la cabeza en España desde siempre. Cobró un enorme protagonismo en el siglo XIX hasta que fue desbancada por el empleo del sombrero. Aunque es un símbolo de nuestra cultura, ha quedado restringida a actos puntuales. Es algo que no se debe perder. Me consta que instituciones privadas y públicas están intentando popularizar su uso. Muchas mujeres tienen mantillas heredadas porque era algo muy común. Hasta el Concilio Vaticano II, la mujer se ha velado cuando acudía a la iglesia. Ahora es un atuendo que requiere invertir más tiempo porque tiene unos códigos, pero merece la pena el esfuerzo.

– ¿Cuál es su origen?

– La mujer se ha velado la cabeza en muchas culturas, no es exclusivo del mundo cristiano. San Pablo hablaba de que la mujer se velara, pero ya lo hacían en Asiria. Era algo normal de uso social vinculado al respeto, la modestia, a determinada edad. La mantilla española era muy habitual en el XVII y el XVIII, y era de colores, de diferentes tejidos y ornamentaciones más alegres. Después pasó al blanco y al negro con encajes. 

– ¿Qué tal le va impartiendo clases en el curso de moda, cultura y sociedad en la Fundación San Pablo Andalucía CEU?

– Estoy muy contenta por la aceptación y los comentarios de los alumnos. Algunas licenciadas en Historia del Arte están sorprendidas por la cantidad de datos que se obtienen del estudio de la indumentaria de los siglos XVI al XIX. Para explicar la moda hay que hablar del momento histórico, la sociedad, los signos de identidad, qué ocurre, cuál es la mentalidad, el sentido de la belleza que va cambiando con el tiempo. Cuando veas un cuadro vas a tener más herramientas para comprenderlo. El ser humano que aparece pintado se encuentra vestido, esto nos da una serie de datos muy interesantes.

Resaltado

Bárbara Rosillo es autora de La moda en la sociedad sevillana del siglo XVIII (2.ª ed. Diputación de Sevilla). Prepara un nuevo libro dedicado a la mantilla española, una prenda de la que se siente orgullosa de reivindicar desde la modernidad como símbolo de nuestra tradición. Nacida en Zaragoza y residente en Sevilla hace casi veinte años, es articulista y conferenciante e imparte clases presenciales y por internet hasta mayo en el curso Moda, cultura y sociedad en España (siglos XVI-XIX) organizado por la Universitas Senioribus de la Fundación San Pablo Andalucía CEU, en el Ateneo de Sevilla. Le gusta ensalzar la belleza de la mujer española como un hecho legendario que no podemos perder, y tiene una especial sensibilidad a la hora de contarnos inéditas historias del arte en su blog y en el programa semanal Patrimonio Andaluz de Radio Andalucía Información.

 

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