Revista Sevillanas
Entrevistas

Vanessa Muñoz: «Los hombres y el sistema tienen que hacer el esfuerzo para que quepamos todos»

Presidenta de Empresarias Sevillanas

Era la líder de la clase y le gustaba tomar la iniciativa. Con 20 años aceptó el reto de montar su propia empresa asociada a la de su padre, en la que sintió por primera vez el gusanillo del emprendimiento. En la actualidad, tiene 43 años, está casada, es madre de tres hijos y dirige un negocio de equipamientos para baños. En marzo, fue reelegida presidenta de Empresarias Sevillanas, una organización empresarial de 30 años de vida refundada en 2015 

– ¿Por qué le dio por el mundo de la empresa?

– Siempre me ha gustado el emprendimiento, dirigir, crear y organizar. Tengo ese gen. 

– ¿Se veía venir en la escuela?

– En el colegio era la líder de la clase. Me gustaba disponer y llevar la iniciativa.

– ¿Algún antecedente en casa?

– Vengo de una familia humilde del polígono San Pablo. Mi padre era una persona hecha a sí misma y sin estudios, que tenía una empresa de aluminios que no le fue mal en la Expo 92. Contaba cosas interesantes del negocio que me despertaron el gusanillo. Recuerdo que de niña le ayudaba a escribir a máquina las facturas porque sentía vergüenza de su letra. Con 20 años, decidí montar mi primera empresa asociada a la de mi padre, que por aquel entonces quería ampliarla. Me preguntó si era capaz. Le dije que sí, fue al banco y al día siguiente tuve mi primer taller.

– ¿Por qué no eligió una vida más cómoda como empleada o de funcionaria?

– Jamás. Lo haría por necesidad, porque no se me caen los anillos. Pero nunca me lo he planteado. 

– ¿Qué es lo que más te gusta de su rol de empresaria?

– La creatividad y resolver conflictos. Es como una telenovela donde los protagonistas son siempre los mismos, pero el guion cambia por capítulos. Todos los días hay algo nuevo. 

– ¿Y lo que menos?

– Las labores de control, tanto económicas como humanas. No me gusta vigilar a las personas, porque creo mucho en su libertad de acción. Considero que una buena empresaria ha de tomar el talento de cada uno y dejar hacer.

– ¿Vende más el hombre o la mujer?

–  En mi sector de equipamientos para baños, un área muy masculinizada, las chicas suelen ocuparse del teléfono porque tienen un trato más agradable con el cliente. En lo comercial da lo mismo ser hombre o mujer. 

– ¿Qué tipo de liderazgo ejerce en su empresa?

– Soy laxa, pero muy exigente. Es más bien pedagógico. Marco las líneas y dejo hacer. La empleada que trabaja al teléfono sabe más del cliente, pero yo soy la que traza el camino que quiero que sigan con él. Cuando algo no está como a mí me gusta, soy inflexible. Por eso, prefiero predicar con el ejemplo. 

– ¿Qué es lo más difícil de gestionar equipos?

– Para poder dirigir debes tener una comunicación muy abierta. Reunirte con ellos de forma periódica y ser muy clara en tus planteamientos. Si la gente sabe lo que tú quiere irá a conseguirlo, pero si no les transmite lo que deseas alcanzar, trabajarán por sus propios objetivos. 

– ¿Haces partícipes a tus empleados en la toma de decisiones?

– Los escucho, pero la última palabra es mía. Admito ideas que estén fundamentadas, sin embargo, las estrategias las marco yo.

– ¿Qué tal se le da la resolución de conflictos?

– Hemos pasado por crisis de todo tipo, incluso problemas familiares ligados a la empresa. Han sido dificultades de todos los colores que se han gestionado bien. Llegado el momento, me he sentado delante de mis empleados y les he contado la situación, fuera de la naturaleza que fuese. Han entendido las medidas a adoptar, pero siempre respetando sus derechos laborales. La gente lo comprende porque considera a la empresa como algo suyo. Empatizan, puesto que yo soy empática con ellos. Hay una visión compartida.

– ¿Qué es para usted una empresaria de éxito?

– Una persona que es capaz de crear lo que necesita para cubrir sus propias necesidades económicas y aspiraciones personales. 

– ¿Su mayor triunfo?

– Llegar a hoy sin grandes problemas y contar con la confianza de todos los interlocutores. 

– ¿Un fracaso?

– Lo que ocurrió con mis familiares en el campo de la gestión del personal de la empresa.

– ¿Dónde se aprende más?

– En el fracaso. En el éxito te curas.

– ¿Qué no volvería a hacer si comenzara de nuevo?

– No empezar tan pronto. He tenido carencias que he debido aprender con el tiempo. 

– ¿Alguna fortaleza personal de la que se sienta orgullosa?

– Capacidad de organización. Algo que llevo a mi vida privada y a mi agenda profesional. Para eso debes tener una visión. Tengo ese don.

– ¿Y una debilidad?

– La parte de control. Pienso que debería ser más cuadriculada y soy muy laxa. 

– ¿Qué tal lleva la conciliación familiar?

– Mal, como todo el mundo. Como una loca. Lo bueno es que entre mi marido y yo atendemos el negocio y el hogar. Soy organizada y se saca adelante. Es cierto que no empleo mucho tiempo en mí, porque todo se lo dedico a ellos. No voy a la peluquería ni al gimnasio, pero no he faltado ninguna vez al teatro de mis hijos ni a un dentista. Siempre he estado presente. 

– ¿Por qué Empresarias Sevillanas?

– Creemos que era necesario montar una asociación no sectorial ni transversal, sino por cuestiones de género. 

– Qué tiene que ver el sexo con la empresa.

– Porque hay una forma de dirigir masculina y otra femenina. Ninguna es mejor o peor, y cada cual tiene sus puntos fuertes y débiles. En la forma femenina de dirigir tenemos el problema de la escasa visibilidad. Por lo general, las mujeres prestamos poca importancia a ubicarnos en el espacio social que tienen los empresarios. No otorgamos valor a estar en los puestos de decisión en el ámbito social y político. En la mayoría de los casos, emprenden por necesidad, como una fórmula de autoempleo con la que poder compatibilizar la vida familiar y ya está.  Alguien tiene que tomar el control y decirles que tienen que estar en los foros donde se discuten y deciden las cosas. 

– Alude a tomar conciencia social como colectivo.

– Para los hombres, la imagen es mucho más importante. El aparecer en sociedad, que no quiere decir aparentar, el estar en los sitios es algo que priorizan en detrimento de las cuestiones familiares. Una mujer prima otras cosas que impiden que estemos a la misma altura. Tenemos que formar parte de lo que hace el otro sexo. Donde más se nota es en la maternidad. Si queremos una sociedad igualitaria, tenemos que aprender a ceder en ese terreno y asumir el rol que implica estar fuera de casa. Es un trabajo arduo de educación social. La diferencia se encuentra en las estructuras sociales y mentales que existen todavía.

– Y qué han decidido para darle la vuelta a la tortilla.

– Primero, crear el sentido de empresaria al mismo nivel del hombre y, después, el valor del trabajo en red. Una red empresarial donde hacer una labor de conjunto y a su vez tomar fuerza en los lugares de decisión. Con el individualismo no conseguimos presión. 

– ¿Por qué no integrarse en otras asociaciones?

– La única asociación legitimada para estar en los órganos de representación es Empresarias Sevillanas. Lo demás son de networking (hacer contactos), de mujeres, por sectores, que hacen un trabajo excelente, pero a nivel club. Empresaria Sevillanas es la única que tiene un sillón en el comité ejecutivo de la Confederación de Empresarios de Sevilla (CEA) y dos sillones en la Cámara de Comercio, representada en la CEA y en la Federación Andaluza de Mujeres Empresarias (FAME). A través de eso llegamos a la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). Y, además, estamos en el Consejo Económico y Social de Sevilla (CESS). Somos la única asociación legítima de mujeres empresarias, políticamente hablando. Llevamos a las mujeres a los foros donde se decide. 

– ¿Y la mujer piensa que todo esto no va con ellas?

– Las mujeres no vamos a eventos por las noches. Si hay un pleno, no nos gusta perder cuatro horas. Por lo general, nos parece improductivo y preferimos dedicar el tiempo a otras cosas. Tenemos que cambiar esa mentalidad, porque estar es importante. 

– Pero cada vez tienen mayor presencia.

– Seguro que le sería fácil nombrar a diez empresarios sevillanos, pero le costaría decir el nombre de diez mujeres empresarias. Si se pone a pensar, seguro que lo sacaría. Por el momento cuesta trabajo, todavía no somos visibles. 

– ¿La maternidad es un obstáculo a la hora de emprender?

-Sí. Lo es porque las mujeres viven con la dicotomía de estar empoderadas, buscarse la vida para no depender de nadie y asumir el rol de los cuidados. Muchas no queremos rehusar a eso.  

– ¿Y en su caso?

Estoy encantada de ser madre, esposa y cuidar a mis tres hijos. No voy a renunciar a nada. No está en mi cabeza ser un hombre con falda. Quiero ser empresaria con mis asuntos de mujer. En muchos casos supone una desventaja, pero sustituir los cuidados familiares puede salir muy caro.

– ¿Cuánto o cómo de oneroso?

– Es muy costoso en términos sociales. A nadie le conviene que las mujeres dediquen el ciento por ciento de su tiempo al trabajo y abandonen su rol de cuidadoras. El cuidado es lo más costoso que tiene una sociedad, tanto de niños como de mayores. Lo decimos de boquilla, pero no hay un interés real. 

– ¿Merece la pena renunciar al tiempo con los hijos para alcanzar unas metas profesionales?

– Es algo muy personal. Es muy legítimo que alguien quiera renunciar a todo. En el caso del hombre es distinto. Se sobreentiende que si se dedica por completo a su trabajo es porque ha abandonado otras obligaciones y no pasa nada. Hay unas construcciones sociales muy fuertes, sobre todo en Andalucía, que es matriarcal. 

– Qué tipo de mujer necesita empoderarse.

– Las más mayores. De cuarenta y cuatro hacia abajo no necesitamos empoderamiento, sino el espacio para quitar a unos y poner a otras. En esa lucha estamos. Tenemos que hacer fuerza y que se vea que la masa de mujeres es importante. Habrá personas que tendrán que echarse a un lado para dar paso a este colectivo. Esta es la lucha de género dentro de la empresa.

– ¿Desplazar al hombre?

– En absoluto. Lo que tenemos que hacer es separar la palabra empresario del género y que no haya diferencia. No debemos luchar para adaptarnos al sistema, lo que implicaría llevar dos mochilas distintas. Es el sistema y los hombres los que tienen que hacer el esfuerzo para adaptarlo y que quepamos todos. Pongo como ejemplo a los minusválidos, que antes se quedaban fuera por las barreras arquitectónicas. Hoy, todo está adaptado y gozan de inclusión. Es el sistema el que se tiene que adaptar.

Artículos relacionados

María Galiana: «La juventud no está perdida, si estuviera perdida no hubiera habido tantísimos jóvenes viendo «Cuéntame»

Karmen Salas, viajar soñando

Revista Sevillanas

Bárbara Rosillo: «La mujer se ha cubierto la cabeza en España desde siempre»

Revista Sevillanas

Deja un comentario