Charo Padilla (Sevilla, 1962) dirige y presenta `El club de los primeros´ cada mañana (5:00 a 6:00 a. m.) de lunes a viernes en Canal Sur Radio. En 2019 fue noticia por ser la primera mujer designada para pronunciar el Pregón de la Semana Santa de Sevilla después de 80 años.
El día que recibió la llamada del Consejo General de Hermandades y Cofradías sintió «miedo, responsabilidad, orgullo y alegría», pero sobre todo la sensación de «no saber dónde me había metido» y darse cuenta de que «ya no había vuelta atrás». Cuatro años después, y a las puertas de vivir de nuevo la Semana Grande, hablamos con ella sobre las experiencias de aquel día y su hacer como reportera reconocida del programa cofrade `El Llamador´
– Después de un tiempo oliéndose la tostá, ¿qué sintió cuando la llamaron para comunicarle que había sido designada pregonera de la Semana Santa de Sevilla?
– Te entra miedo, responsabilidad, orgullo y alegría, pero sobre todo la sensación de no saber dónde me había metido y que ya no había vuelta atrás.
– ¿Y siendo periodista?
– Tienes la sensación de dejar el anonimato y pasar a un primer plano. De entrevistadora a entrevistada. Pasar al otro lado. Ser la noticia y no ir a por ella. Una sensación muy rara.
– Qué recuerda del acto de su presentación.
– Vino conmigo Carlos Herrera, quien además tiene la foto de ese instante al teléfono. En mitad del camino, cerca de la calle San Gregorio, me tuve que parar porque me dio una subida de tensión y sentí mareos. Me tomé una coca cola antes de entrar en la sede del Consejo de Hermandades. Estaba llena de fotógrafos apuntando hacia mí.
– Cómo se lleva ser noticia.
– No recuerdo cuántas entrevistas hice en 15 días a nivel local, regional y nacional. Es increíble lo que da de sí una noticia de ese tipo cuando se trata de Sevilla. Porque mujeres pregoneras ha habido muchas antes en toda Andalucía, pero ser la primera mujer pregonera de Sevilla llegó a ser noticia en Antena 3, en la contraportada de `El Mundo´ y en el informativo de TVE de aquel domingo. No sabía que hubiera tantas emisoras de radio en el mundo (risas). Menos mal que la cosa paró.

– Transcurrido el aluvión mediático, hay que sentarse a escribir.
– A partir de ese momento, te sientas, te pones a pensar qué es lo que quieres hacer, qué es lo que quieres contar, cómo, a quien no te quieres parecer, qué es lo que no quieres hacer y lo que sí… Tenía una obsesión: que la gente me identificara. Que me reconociera. Tenía que ser yo para lo bueno y para lo malo. No iba a hacer poesía porque ni soy ni pretendía ser Rodríguez Buzón.
– ¿Una imagen de ese día?
– La más viva que tengo es la de mi marido abrazándome, llorando desconsolado en el camerino después de pronunciar el Pregón. Era tan grande la tensión que tenía acumulada, que para él fue una liberación.
– ¿Y para usted no?
– Yo estaba bastante tranquila. Los que estaban nerviosos y asustados eran todos los miembros de mi familia.
– ¿La persona más importante de ese día?
– Mi marido.
– ¿Más que sus hijos?
– Vamos a ponerlos al lado. Mi marido es lo primero. Lo tengo claro, clarísimo. Él es mi principal apoyo, la persona en la que más confío y a la persona que más quiero en el mundo.
– ¿Qué le aportó la experiencia?
– Escribir el Pregón fue como un retiro espiritual. Un viaje al interior de mis emociones y recuerdos. Por eso lloré tanto haciéndolo.
– Su forma de transmitir muchos aspectos singulares de la Cuaresma y la Semana Santa en el programa `El Llamador´ es muy reconocida por la gente. ¿Cuáles son las claves?
– No hay ningún secreto. Cercanía y naturalidad. Todavía me sorprende cuando me hablan de la retransmisión de la Hermandad de El Cerro del Águila. Las mujeres de El Cerro tienen una sabiduría de la calle que es impresionante. Son personas auténticas. Por eso llega la gente de ese barrio, porque hablan con naturalidad y sencillez. Sus mensajes son sencillos, pero van directo al corazón. Es así de simple.
– ¿Ser creyente le aporta un plus a la transmisión?
– Si no fuera creyente, tiraría de mi profesionalidad para retransmitir, como es lógico. Pero siendo creyente, entiendes y quizás puedas contar mejor la emoción, por ejemplo, de esa mujer que está a lágrima viva detrás de la imagen de Cristo. Quizás, quien no es creyente no lo entienda. Intuyes los recuerdos y sentimientos de esas personas. También considero que la Semana Santa es un recipiente muy amplio. La fe se puede entender de muchas maneras. En Semana Santa es respetable como la entiende cada uno. Todos sabemos que los que salen de nazarenos o se meten debajo de un paso, tal vez no sean cristianos al cien por cien, pero todos llevan su trocito de espiritualidad. Posiblemente, es la única vez en el año que se ponen en contacto con Dios, pero no la abandonan porque se lo enseñaron sus padres, sus abuelos y tal vez no saben el porqué. Ese momento de espiritualidad también es fe, entendida de otra manera.
– Qué espacios le queda por alcanzar a la mujer en la Semana Santa de Sevilla.
– ¿En el Consejo de Cofradías, por ejemplo? ¿Por qué no ponemos a una mujer en la responsabilidad del Lunes o Martes Santo o en la Madrugá? ¿De verdad no existe ninguna mujer con capacidad para hacerlo? Por supuestísimo que sí. Conozco a dos mujeres absolutamente capacitadas que llevarían la Esperanza de Triana y El Gran Poder como usted no se puede ni imaginar.
– ¿Espacios demasiado endogámicos todavía, quizás?
– Todo es cuestión de dar el paso al frente. También es cierto que en muchas ocasiones las mujeres nos limitamos en el mundo de las cofradías. Las mujeres se lo piensan mucho. Me consta que los hermanos mayores buscan mujeres y les cuesta trabajo encontrarlas porque no todas tienen la posibilidad de renunciar a otras cosas para estar en la hermandad. Hay un cincuenta por ciento.
– ¿Cómo verían que una mujer se presentara a Hermana Mayor?
Creo que bien. Aunque todavía no he visto a ninguna que se presente. También nos exigimos mucho. Queremos llevar la casa y queremos hacer de todo y hacerlo perfecto. Y perfecto no se puede hacer todo. Para que una mujer llegue a ese cargo debe tener el respaldo que tienen los hombres cuando lo ocupan.
– Elija un momento o lugar de la Semana Santa de Sevilla que le guste y nos pueda recomendar
– ¿Momento? La salida de la Hermandad de El Cerro del Águila y la entrada de la Macarena. Y también ver los pasos de frente, majestuosos, avanzando con paso largo, casi de mudá. Me gusta ver el Señor de El Tiro de Línea por su barrio rodeado de sus mujeres, con su túnica balanceándose. Me produce ternura y me emociona. Me da igual que sea por una gran avenida.
– ¿Una marcha?
– Soleá dame la mano.
– ¿Y una compuesta por su marido, Manuel Marvizón?
– Tres: «Madre Hiniesta», «El Cerro», porque es la que más me emociona, y «Gran Poder», que todavía no es muy conocida.
– ¿Suele pedirle opinión cuando está componiendo?
– (Risas) Tengo un oído enfrente del otro. Me cuesta mucho entender los bocetos, pero cuando me pegunta y le suelto una barbaridad, entonces me dice que «la marcha va bien».
– Después de tantos años en el oficio, ¿qué le mueve a seguir levantándose tan temprano?
– Disfruto con mi trabajo, con mis oyentes, con cada hora. Porque son excepcionales, distintos a los de otras cadenas. Son oyentes especiales, hechos de una pasta especial, trabajadores esenciales con un horario muy especial. Están levantados muy temprano. Para nosotros, las seis de la mañana ya es tarde, y pesar de todo, son agente sensible, divertida y con sentido del humor. Me encantan.
– Cómo entiende su forma de hacer periodismo.
– A pie de calle. No me llama nada la información política ni las ruedas de prensa. Me gusta más la calle y contar lo que está pasando en cada momento. Eso para mí es periodismo puro.

– Qué es lo que más le gusta de su trabajo.
– El contacto con la gente, poder contar lo que está pasando en la calle. Todo lo que sea actualidad, lo cotidiano, el aquí y ahora. Me da igual que sea en un horno de pan que en la toma de posesión de un alcalde. Contarlo es lo que más me gusta.
– Recientemente, les ha dado una charla a los estudiantes de la Facultad de Comunicación de Sevilla. ¿Qué realidad del oficio no les ha contado?
– Que la profesión está muy complicada. Si quieren encontrar trabajo tienen que espabilarse. Andan muy despistado. De momento la vida no les ha zarandeado. Cuando eso les ocurra, se pondrán en órbita.

– ¿Qué entiende por periodismo morado?
– Antes sólo existían dos programas de radio sobre Semana Santa, y con la llegada del programa `El Llamador´ se revolucionó todo. Fuimos más allá. El periodismo morado puso en primera línea la religiosidad popular, la vida y los problemas de las hermandades y la Cuaresma. Se convirtió en un fenómeno. De manera conjunta a nuestro programa comenzó a aumentar este tipo de prensa. Los periódicos le dedicaron más páginas al asunto y crecieron los actos parecidos a la entrega de premios `El Llamador´. Cuando comencé a retransmitir sólo lo hacían la Ser y Radio Nacional. Tres o cuatro emisoras como mucho. Hoy hay trescientos micrófonos. Que, por cierto, no se acaban de enterar de que no hace falta poner el micro tan cerca. Desde una distancia prudencial es posible captarlo todo.
– Son importantes las formas.
– Cuido mucho las formas.
– Y también los silencios.
– En la radio el silencio habla, cuenta y hasta emociona.
– ¿El término medio?
– Hemos tenido que aprender con los años. Estar, pero sin olvidarse de percibir los sonidos, que es lo más importante. Y también hablar, claro.
– Pues no me ha parecido usted tan malaje como dice.
– ¿Qué no? Pregúnteles a mis compañeros de la radio, verá qué le cuentan (sonrisa malaje).




