Revista Sevillanas
Entrevistas

María Galiana: «La juventud no está perdida, si estuviera perdida no hubiera habido tantísimos jóvenes viendo «Cuéntame»

María Galiana espera sentada en un banco de la Plaza de la Virgen de los Reyes sevillana como si se hubiera parado el tiempo, creo que sabe pararlo a pesar de su ajetreada vida y su mente veloz. La inteligencia siempre supo de pausas. A María le pega Sevilla, encaja en la imagen tanto o más que en nuestras televisiones. Su voz está llena de matices seguros y no le importa decir que es vieja.

Nacida en Triana el 31 de mayo de 1935 se licenció en Filosofía y Letras y en Historia, dedicándose a la docencia hasta el año 2000

¿Quién es María Galiana?

– Hay muchas María Galiana, como probablemente habrá muchas personas en cada una de nosotras, soy de las que siempre he vivido inconscientemente otras vidas fantasiosas que yo misma inventaba, pero sin tener conocimiento de ello. Vengo de una familia económicamente muy pobre, muy modesta, oficinistas con muy pocos recursos, y nunca fui infeliz. Ahora de vieja pienso cómo es posible que yo no me diera cuenta de lo mal que lo estaba pasando, creo que eso me viene de familia, las mujeres Galiana vamos todas a pecho abierto, lo que venga, eso es lo que nos viene bien. Pero no lo hacemos de una manera trágica.

Recuerdo una anécdota de un Jueves Santo, yo tenía un vestido negro de cuando me vestí de mantilla con un abriguito, el único abrigo que había tenido desde no se sabe cuánto tiempo ya, le volvía la solapa y se notaba que lo de debajo estaba más oscuro que lo de encima… Y ahora pienso que yo no tenía sensación de vergüenza, pensaba esto es lo que tengo, esto es lo que hay. A lo largo de toda mi vida siempre he disimulado.

Todas las Marías Galianas que me inventaba estaban contentas consigo misma, tenían una alta autoestima. Yo no he sabido en mi vida lo que era una depresión o dejar de dormir, tengo una capacidad de adaptación extraordinaria, a veces creo que demasiada porque siempre he intentado que los que estaban a mi alrededor lo pasaran bien.

¿Considera que ha sido una mujer sacrificada?

– No, no es sacrificio. Hasta estudiando Filosofía y Letras, carrera de cinco años, la saqué en siete porque me gustaba mucho el teatro y cuando vi que había una lista de alumnos que se apuntaban al TEU, me apunté sin dudarlo. Jamás pensé en el sacrificio, siempre supe que mi meta se iba a cumplir. De hecho, los últimos cursos ya fueron en fecha, cuando el teatro lo tenía dominado y me di cuenta de que la farándula no era mi mundo, y nunca lo ha sido.

¿Descubre el teatro en la Universidad?

– No, ya en el Colegio yo era la mejor actriz, estaba convencida de que era extraordinaria, nunca he tenido inseguridad, algo muy importante, jamás me importó subir al escenario. No sé lo que es eso de un «no sé qué» en el estómago, jamás me pongo nerviosa para nada. Siempre he sido muy inteligente.

Esa inteligencia que ha demostrado usted siempre, ¿de dónde le viene?

– Soy hija única pero mi padre tenía nueve hermanos, de los cuales dos hermanas eran maestras de antes de la República y mi madre, que eran ocho hermanos, tenía dos hermanas maestras también. Cuando me dicen qué raro que yo haya estudiado siempre respondo que en mi época ya había muchas mujeres estudiando. Es más, antes de la Guerra Civil había bastantes mujeres que estudiaban. Mi madre, en 1925, ya trabajaba como secretaria a sus 20 años, hasta que se jubiló. Trabajó toda su vida. Ella fue la que me dijo que nunca dependiera de nadie, que nadie me mantuviera, porque nadie sabe qué puede ser de cada uno el día de mañana. Mi madre era una avanzada pero no se revelaba, la rebelde soy yo.

Fíjate que una vez casi me expulsan del colegio con ocho años por llevar la contraria en clase y preguntar quién había dicho que en un parto de riesgo la vida del niño estaba antes que la de la madre.

¿María Galiana es más profesora que actriz?

– Siempre seré Profesora, Docente, siempre Docente.

Su educación ha sido Teresiana, ¿qué opina de la religión en la docencia hoy en día?

– Yo agradezco profundamente a las Teresianas la educación recibida, eso que decían las «progres» de la transición de qué horror los colegios religiosos, no. Yo defiendo que los alumnos tengan ya no una educación religiosa pero sí un conocimiento absoluto de la Religión Católica o Cristiana, porque por suerte o por desgracia vivimos en Europa y con unas hondas raices cristianas, tanto es así que yo no puedo explicar a un alumno un cuadro de Giorgoni si no saben quién es la Magdalena, por ejemplo. No puedo explicar el Museo de Escultura de Valladolid si no saben quién era Abraham o el Sacrificio de Isaac, una de las esculturas más impresionantes que hay. Eso no puede ser. Que después sean creyentes o no, practicantes o no, ya depende de cada uno.

Hay alumnos sevillanos de toda una generación que le deben mucho y le están profundamente agradecidos, ¿ha cambiado mucho la Educación desde que usted ejercía?

– Ha cambiado por completo, eso no quiere decir que yo defienda la educación memorística que hemos recibido, no se están fomentando hábitos interesantes para aprender, no digo que se hagan niños y niñas cultos en el sentido de tener muchos conocimientos, eso es difícil y no hay por qué, no tenemos porque ser enciclopédicos. Yo devoraba los libros, algunos de ellos prohibidos, no había otra cosa que hacer. Eso ahora mismo es imposible y no me parece mal, lo que sí me parece mal es la absoluta estulticia en que está la gente, no se les ha imbuido la curiosidad, no quieren saber cosas, no les importa, hasta el punto de que se enmemecen con esos programas horrendos de televisión.

¿La juventud está perdida?

– De perdida nada, pero los mayores tendríamos que adaptarnos a la nueva juventud, tenemos que considerar que las generaciones van cambiando, cada 25 años hay una generación diferente, si estuviera perdida no hubiera habido tantísimos jóvenes viendo «Cuéntame». En la serie les han contado cosas que eran totalmente inéditas para ellos: que había que llegar a las diez de la noche a casa, que la familia se reunía para cenar y no se empezaba hasta que el padre no se sentara, que los abuelos eran importantes en la familia, etc…

-¿Qué palabra le gusta más para definir su edad, vejez, tercera edad, abuela, nuestros mayores…?

– Vejez, yo soy una vieja. Lo demás son eufemismos, y lo de nuestros mayores ya me mata. Abuela no me gusta, me gusta vieja…

– Sin embargo es usted abuela de seis nietos y la abuela de España…

– Sí, de seis nietos, y como actriz ser la abuela de España es lo peor que me ha podido pasar.

– ¿Se arrepiente de haber trabajado en «Cuéntame»?

– No, no… ¡cómo me voy a arrepentir si me he podido comprar una casa en la playa y tres en la sierra! (Risas). Si me decían las criaturas jóvenes que estaban en la serie «… bueno, María es que no encuentro el conflicto de mi personaje», y yo les decía que se olvidaran de conflictos y se compraran el sofá, que es para lo que estamos trabajando en «Cuéntame». Este es nuestro trabajo, vamos a hacerlo lo mejor que sepamos. Ahora bien, ojalá me hubieran buscado para otra película. En ese sentido estoy muy decepcionada.

– ¿Cuál hubiera sido el papel de su vida?

– Hombre yo a esa pregunta puedo responder que Julieta… ¿cómo me vas a preguntar eso, si empecé con más de 50 años? (Risas). Pero me hubiera encantado hacer la madre de Hamlet, Gertrudis, me hubiera encantado hacer Madre Coraje, Lady Macbeth… todos aquellos papeles que hubiera podido hacer con 60 años. En el teatro todavía puedo tener opción a papeles y satisface muchísimo. Ahora, siendo sinceros, en el cine tienes tu momento, luego ya no… los hay que continúan, generalmente hombres. Hay un grupito que hace todas las películas. Javier Gutierrez, Luis Tosar…

– ¿Cree que en el cine trabajan siempre los mismos?

– Sí, porque son muy buenos, la mayoría de los guionistas escribe guiones para hombres, los directores confían muchísimo en esos hombres y las mujeres adolecemos todavía de un lastre tremendo y es que los papeles secundarios siempre lo han hecho hombres porque eran los oficios, no había juezas, no había policías, ni abogadas… nosotras éramos o tatas o dueñas de burdel, me refiero a las actrices mayores. Si había una película en la que tenía un papel relevante un viejo, era el abuelo. Siempre era un hombre mayor, había esa tendencia porque estamos en una sociedad machista hasta la exasperación. No hay posibilidades, por mucho que intentemos sacar el cuello. Por eso creo que mi momento ya pasó.

– Después del Goya por «Solas» usted podría haber hecho cualquier papel como madre de alguna persona de unos 40 ó 50 años… ¿por qué no los ha hecho?

– No interesa, los guionistas son jóvenes y el mundo de los viejos lo ignoran. Los guionistas muy jóvenes no son tan buenos como los de mediana edad, los muy jóvenes están obsesionados con lo que les pasa a ellos, son lo yo llamo «guiones terapéuticos», algo que les ha pasado, algo que han vivido o algo que si no les ha pasado ha estado muy cerca, que conocen, y siempre son conflictos de gente joven. Los de mediana edad escriben guiones sobre cosas que han visto, por ejemplo «As Bestas». Pero además, en el cine español, los guionistas se recrean mucho en contar cosas, «Modelo 77″ es una recreación magnífica de las cárceles franquistas, podía haber sido toda la película en el agujero por donde se escapan, como pasaba en la película “La Fuga de Alcatraz», pero no, se recrea la vida en la cárcel y claro, así no vamos a ningún sitio.

Si yo le digo Rafael González Sandino… ¿qué me dice usted?

– Mi marido, 47 años juntos, desgraciadamente no llegamos a las Bodas de Oro…era un fumador empedernido y es que lo de fumar, lo tuvo fácil siempre, porque mi suegro trabajaba en la Fábrica de Tabacos…

-¿Cómo se conocieron?

– En la universidad, Rafael era un hombre muy especial, era cinco años mayor que yo, había estado estudiando Ingeniería en Madrid, convenció a sus padres para venirse a estudiar Derecho y a través de un amigo conoció  el mundo del Canto, tenía una muy buena voz de bajo, aprendió italiano y todo. Cuando yo lo conocí ya el padre le había dicho que o terminaba Derecho o se ponía a Cantar o hacía algo de provecho con su vida, entonces él comprendió que su padre tenía razón y con 25 años entró en la Facultad de Filosofía y Letras. Acabó con muy buenas notas y se dedicó totalmente a la Docencia, primero a la Investigación, consiguió una plaza en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Madrid, entonces nos casamos y nos fuimos a vivir a Madrid, donde nacieron mis tres hijos mayores, de esos tres viven dos, porque el segundo se me murió con tres meses de la “muerte súbita del lactante”. Yo he estado embarazada seis veces.

-¿Se supera la muerte de un bebé?

– Sí, muy fácilmente, con la mentalidad que tenía yo, que era la de mi abuela… yo me decía a mí misma “estoy hay que superarlo”, yo estaba ya embarazada cuando se me murió el niño de tres meses, yo tenía un niño cada año. Era una situación completamente distinta, los hijos venían porque tenían que venir, pero no era algo que te planteabas, éramos madres jóvenes. Para nosotros la Vida era anterior a todo. Nosotros vivimos de alquiler 22 años, el orden de prioridades era muy diferente. Preferíamos el espacio al confort, al lujo. Poner la música que nos gustara a todo volumen, no tener portero, no ser nunca presidentes de la comunidad… siempre hemos vivido en casas.

-¿A qué le achaca usted el cambio de prioridades en la actualidad?

– Al consumismo, el confort es hoy más importante. Hoy parece una cosa terrible no poderse comprar un piso. Nos han metido en la cabeza eso del “estado de bienestar”, por ejemplo, parece algo horrible no poder irse de vacaciones. Ese estado de bienestar se ha cargado la ascética de las familias, hoy es un tremendo sacrificio levantarse muy temprano, todos pendientes de la conciliación familiar… me río yo de mi conciliación familiar… (Risas)

-¿Sus últimos y próximos proyectos?

– Ahora mismo, hace dos años, desde octubre de 2020 cuando salimos del confinamiento estoy haciendo Recitales Poéticos y casi al mismo tiempo, en el mes de febrero de 2021 terminé una gira con una obra de Juan Mayorga “El Mago” y empecé a ensayar otra obra bajo la dirección de Magüi Mira, “El Abrazo” con Juan Meseguer y Jimmy Roca… sigo con los recitales lo he ido combinando todo a la vez. Ahora en junio comenzamos a grabar la última temporada de Cuéntame, para cerrar la serie en condiciones, será una temporada bastante “mágica” por llamarla así, algo atemporal, muy bonito… y cruzo los dedos para que en Septiembre de este 2023 pueda empezar a ensayar dos nuevas obras de teatro, de una de ellas os puedo adelantar algo en exclusiva, es una pieza teatral que tenía preparada Gerardo Vera para Amparo Baró, “María Kobalska” y las circunstancias trágicas de su muerte han hecho que todo se conjugue a mi favor, y luego muere Gerardo Vera…

-¿Cómo ve usted la Sevilla de ahora?

– Desgraciadamente la Sevilla de ahora la veo como la ven los que escriben sobre ella (Carlos Colón, Antonio Burgos…), esta ciudad no tiene ya nada que ver con la que yo he vivido. Por ejemplo la Calle Don Remondo no se llamaba Cuesta del Bacalao sino Argote de Molina… en fin… Yo creo que económicamente Sevilla ha mejorado, antes éramos muchísimo más pobres, en todo el centro existían Corrales de Vecinos dónde no había agua corriente y las condiciones ya sabemos las que eran. También antes el “tipismo” era mucho más fuerte. Ahora se ha desmadrado el asunto del turismo, porque creo que ha interesado pero yo no lo veo con tanta amargura, a ver la pérdida de los comercios es un drama, pero no sólo de Sevilla, de España entera. En Italia, por ejemplo, no les consienten grandes superficies comerciales y aquí, en España, cada vez existen más Centros Comerciales.

-¿Estamos viviendo en la cultura de la inmediatez?

– Sí, aquí te pillo, aquí te mato. Nos hemos acostumbrado a todo para ahora mismo.

-¿Seguimos siendo muy chovinistas?

– Bueno… los que queremos tanto a la ciudad y nos parece que hemos nacido en el mejor sitio en el que se puede nacer, por poco que queramos, seguimos siendo un poco chovinistas, no lo podemos remediar, el chovinismo lo llevamos de fábrica (risas), va en el ADN metido. Yo soy muy cariñosa y respetuosa con toda la gente que es de fuera de aquí y de fuera de Andalucía. Y hay cosas de Sevilla que veo y reconozco, ojalá tuviéramos aquí la pavimentación que tiene Málaga, que da gusto pasear por la Calle Larios, por ejemplo, y no estas asquerosas losetas de granito gris, porque no hay operarios que sepan hacer las cosas y las hacemos de cualquier manera… no es tanto la suciedad de Sevilla como la dejadez de la gente. Y hay que recordar que tenemos el mayor Casco Histórico de Europa.

-¿Betis o Sevilla?

– Betis, por supuesto, me alegro cuando pierde el Sevilla, pero soy muy respetuosa… (Risas). Tengo un hijo y nietas sevillistas, qué le vamos a hacer.

Y en el famoso mural de Santiago del Campo en el estadio Ramón Sánchez Pizjuan, he colaborado. Yo era íntima amiga de él y se empeñó en mi colaboración, el mural se fraguó en casa de Santiago del Campo, en Triana, allí en el patio con azulejos sevillanos comenzó a hacerse sobre una lona se pegaban, como un puzzle inmenso. Nos pidió a todos los amigos que fuéramos y yo colaboré en el balón que está en el centro del escudo, costó la misma vida hacer una forma redonda con un azulejo.

Por cierto, hay que decir al Ayuntamiento que está muy feo que en el Aeropuerto esté el escudo del Sevilla F.C y no est el escudo de la ciudad por ningún sitio.

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