Comenzó su andadura profesional a los pies de la Giralda con apenas 14 años, y está a punto de cumplir casi medio siglo sin bajarse jamás de los escenarios. Lleva la interpretación y la copla en la sangre y le da lo mismo estar delante del público que frente a una cámara. Hace teatro, cine, televisión, zarzuela y comedia musical, lo que la convierte en una de las artistas más completas del panorama español. Hablamos con una mujer luchadora que se lo ha ganado todo con esfuerzo, sacrificio y la casta suficiente para salir adelante aun en los peores momentos de su vida
– Para usted han sido complicados estos últimos años
– A la muerte de mis padres desemboqué en una enorme depresión. Al año siguiente llegó la pandemia y nos encerraron. Cuando acabaron las restricciones, me di cuenta de que tenía un problema importante. Sufría agorafobia, me daba horror salir a la calle y hablar con la gente. Fue cuando decidí pedir ayuda. Quiero que las personas sepan que es muy necesario atender la salud mental. Hay que ponerle remedio. Cuando el alma duele hay que curarla.
– ¿Y cómo se encuentra ahora?
En estos momentos estoy muy bien. He sido capaz de retomar mi vida personal, que la había perdido. Muchos días no sabía ni donde estaba. Gracias a Dios, he estado en buenas manos y he recuperado también mi vida profesional.
– Padeció por sobrepeso, ¿cierto?
– Debido a la depresión y la ansiedad, alcancé los 130 kilos y me puse manos a la obra para recuperarme. Hoy estoy muy bien.
– Siempre ha sido una mujer luchadora.
– Eso es lo que me enseñaron mis padres. No he visto otra cosa en mi casa que lucha y entrega. Ese es el espejo en el que me miro.

– ¿Qué recuerdos guarda de ellos?
– Una de mis vecinas se acercó a mí un día y me dijo: «se ha ido la mujer que no sabía enfadarse». Nunca la vi llorar. Siempre tenía una palabra de aliento para todo el mundo. No existía un vecino que no la quisiera. Mucho tiempo después de fallecer, había niños que todavía se asomaban a su ventana para ver si estaba allí, porque siempre tenía palabras cariñosas hacia ellos. Mi padre era más serio, pero era muy bueno también.
– Creo que ha heredado esa cualidad de su madre.
-Muchas personas dicen que la más que se parece a ella soy yo y mi hermano pequeño Javier. Nos gusta ser cercanos y conversar con todo el mundo.
– Su pasión por la farándula es una herencia adquirida también desde que residía en la calle Fray Isidoro de Sevilla.
– El ambiente del teatro siempre se ha vivido en mi casa. Nosotros teníamos en la azotea baúles llenos de ropas y cortinajes de teatro. Eso nos marcó a unos más que a otros. A mí me costaba jugar a las muñecas y a las casitas. Mi juego de pequeña era ser artista y montar espectáculos con las cortinas y la ropa de mi tía Juanita Reina.
– Su abuelo Miguel fue quien descubrió su talento, ¿no?
– Sí. Pero se enfadaba mucho porque no quería más artistas en casa. Todos mis tíos fueron artistas, y decía que sólo había trono para una reina: mi tía Juanita. Él le llevaba los espectáculos y las producciones de cine, pero intuyó que conmigo no iba a poder. De hecho, con 14 años me matriculé en la Escuela de Arte Dramático porque quería ser actriz. Jamás pensé en ser cantante.
– ¿Cuál fue su primer trabajo?
– Cuando ingresé en la escuela se corrió el rumor de que había una chiquilla que apuntaba maneras, y fueron a buscarme. Lo primero que hice fue un monólogo titulado «El Alfilerito», de un abogado y escritor llamado Ramón Charlo. La acción fue a los pies de la Giralda, interpretando a una gitana que decía la buena ventura. Tenía 14 años.
– Su estreno en el mundo de la canción tiene una historia interesante.
– A mí lo que me gustaba era el teatro, y mi tía Juana lo sabía y me admiraba por ello. Me decía que iba a ser una de las actrices más completas del panorama español. Como siempre me ha gustado currarme las cosas yo solita, con 28 años, en 1987, me presenté a una prueba para el programa de Jesús Hermida. Salí sin pedirle permiso a nadie y con el poco dinero que tenía porque estaba pasando un mal momento, y no quise solicitar ayuda. Me saqué un billete de tren de tercera con los asientos de madera y me planté en Atocha. Me fui andando hasta Torrespaña de RTVE, el «pirulí» de la calle O’Donnell, que hay un trecho.
Jesús Hermida me escuchó cantar y me preguntó que si tenía algo que ver con Juanita Reina. Le comenté que era su sobrina. Asintió, y me dijo que no quedaban puestos de presentadoras. No me diga usted eso, le respondí. «Usted se queda porque la voy a presentar como la sucesora de Juanita Reina», respondió. Y le dije que no, que para cantar estaba mi tía, que lo sentía, pero que yo era actriz. Y me espetó: «cantará usted, que la contraten». Me tuvo casi un mes maquillada y de rincón en rincón del estudio.

Al mes me acerqué a él rodeado de todas las «chicas Hermida», y le dije: ¿De verdad voy a estar así todo el tiempo? Y me contestó: «Sí, hasta que cante». Bueno, ¿cuándo quiere usted que lo haga? Y me respondió: «mañana». Yo no había cantado en mi vida, solo jugando al teatro e imitando a mi tía. Ella no sabía que estaba en Madrid y la llamé llorando, explicándole que Hermida quería que cantara y que fuera su sucesora, pero yo no. Mi tía me respondió tras un largo silencio al teléfono: «¿tú me quieres?». Y le dije: más que a mi vida. Me preguntó que si quería ser feliz, que accediera a lo que me pedía Hermida. Es más, me explicó que cuando regresara a Sevilla, me presentaría como su sucesora.
– Y siguió sus sabios consejos.
– Mi tía me decía que ser cantante no es sólo cantar bien, son muchas cosas. Una cantante es una artista. Me explicó que cantara «Esto es Sevilla», del maestro Solano, y «Callejuela sin salida». Y que jamás quitara esta canción de mi repertorio, porque es la más interpretativa de la copla junto a «Y, sin embargo». Y nunca la he retirado. «Callejuela sin salida» estará conmigo hasta que me muera.
– Y cómo fue.
– Cuando regresé a Sevilla, lo primero que hice fue visitar a mi tía Juana. Me propuso hacerlo en la inauguración del Teatro Maravillas. Le dije que sus deseos eran órdenes. Me puse a ensayar todo el verano con el maestro Roncales al piano.
– ¿Cómo la presentó?
– Ahí os dejo con mi sangre.
– ¿No estuvo intranquila?
– No. Me daba tanta paz y seguridad estar a su lado, que no estuve nerviosa en ningún momento. Siempre he sentido su protección. Yo era su niña. He sido la sobrina más cercana a ella.
– ¿Y en qué anda ahora?
– Estoy muy metida en el cine. Después de la pandemia, he hecho «La boda», de Ana Graciani, y «De Caperucita a loba», de Chus Gutiérrez, que se estrenó hace poco en el Festival de Málaga.
– ¿Algún trabajo reciente del que se sienta especialmente orgullosa?
– Mi niño mimado es «Votamos», el cortometraje dedicado a la salud mental de Santiago Requejo, un director pacense que adoro, con Raúl Fernández de Pablo, Neus Sanz y Miriam Díaz-Aroca. Hemos conseguido cerca de cien premios entre nacionales e internacionales. El corto se ha visto desde Canadá a Nueva Zelanda, pasando por Sudamérica. Estuvo nominado a los Premios Goya el año pasado y preseleccionado a los Oscar. Trata sobre la salud mental y la poca tolerancia y empatía que tenemos con este tipo de enfermos.
– También acaba de hacer otro cortometraje de temática social, ¿no?
– Sí. «Trabajo a tiempo parcial», porque he sido nombrada embajadora de Stop Edadismo, un movimiento global contra la discriminación por edad. Es en tono de humor, pero se trata de un problema muy serio.

– Usted no para.
– «Intersex» es lo último que he hecho, dirigida por Tomás Aceituno y con Mónica Bardem. La rodamos en agosto en Lebrija, y hablamos de la intersexualidad, un tema que por primera vez se lleva al cine a escala mundial. Y acabo de terminar «Estupenda,» una comedia muy rara que hay que ver. Se estrenará a final de verano. Estoy muy metida en el rodaje en formato de largometraje de «Votamos» y en otro proyecto de zarzuela. Mi octava ya. Y las galas de verano, que comienzo el 9 de junio en Valencia.
– Acaba de regresar de Canarias de presentar la Gala de la Gran Dama. Tengo entendido que usted es todo un icono del movimiento «drag queens» por aquellas tierras.
– En Canarias he trabajado muchísimo. Ahora que he retomado mi vida, lo primero que he hecho es volver a allí, donde he presentado mi nuevo sencillo «Se busca», un tango con humor. La Gala de la Gran Dama se celebra en el Yumbo Centrum, el centro neurálgico del colectivo LGTBI de Las Islas Canarias.
– El colectivo LGTBI estuvo siempre muy vinculado a la copla, ¿no le parece?
– Gracias a Dios y a todos esos transformistas que nos han imitado, nuestras canciones siguen vivas. Para mí es un orgullo y hay que agradecerlo. Siempre me han apoyado, imitándome, acudiendo a mis espectáculos. No tengo mejor forma de reconocerlo que con «La Tacones», una de mis canciones que más repiten los transformistas.
– Primero fue el sencillo «Loca, gamberra y canalla», y ahora, «Se busca». ¿Un hombre de verdad? ¿Cómo interpretamos esto?
– La historia del sencillo surgió al ver el programa «First Dates», de mi amigo Carlos Sobera. Apareció un chico muy guapo y musculoso, pero con la cabeza vacía. Pensé: ¿por qué no tratan de cultivar mejor la mente? ¿Por qué no leen? Aparte de los prospectos de los anabolizantes, debería leer algo más. Porque una sociedad inculta es más manejable y manipulable. Reivindico que hay que estudiar y leer. Y de eso trata la canción «Se busca». Y se hace desde el humor. No busco un hombre, pero si gente con la que pueda hablar. Vamos hacia la incultura a pasos agigantados.
– ¿Qué opina de las feministas?
– Lo mismo que decía Rocío Jurado. Soy una feminista que cree en los derechos de la mujer, pero que no destruyan al hombre por destruirlo. He sido hija de un hombre y he parido a dos hombres. Me dolería mucho que una injusticia cayera sobre mis hijos. Los derechos me los he ganado desde los 14 años trabajando. No soy antihombre. Lo dice una mujer que ha sido vejada, maltratada, que ha estado como un eccehomo antes de salir a cantar. Mi maquillador tenía que hacer milagros para que yo me pudiera vestir con una bata de cola antes de subir al escenario. Pero, no todos los hombres son violadores y maltratadores. No tienen que aguantar que una mujer en revancha los acuses sin fundamento. Lo sé por casos cercanos a mí. Metería en la cárcel a todas esas mujeres que acusan a un hombre en falso.

– ¿Teatro?, ¿cine?, ¿televisión?
– Encima de un escenario, delante del público o de una cámara. Me da igual.
– ¿Qué es para usted la zarzuela?
– En la zarzuela se unen mis dos amores: la música y la interpretación. Dentro de ella soy actriz y cantante. Tengo tesitura de contralto. Lo mío son los tonos graves, lo más difícil.
– ¿Qué significó para usted ser reconocida como Sénior del Año en la XIII edición de los Premios SENDA 2022?
– Mucha alegría tras haber superado la depresión. Me ayudó bastante anímicamente estar rodeada de gente tan fantástica y sabiendo que lo tienen artistas tan reconocidos como Pepe Sacristán, Manolo Escobar y tantos otros.
– ¿Comedia o tragedia?
– La comedia me encanta. Siempre he dicho que la línea que separa que se rían de ti de que lo hagan contigo es tan sutil. Traspasarla es muy fácil y peligroso. Es muy difícil mantenerse en este género. Para hacer drama siempre hay técnicas. La comedia no. La vis cómica la tienes o no la vas a tener nunca.

– Qué no puede faltar en su equipaje.
– Una foto de mis padres, de mis hijos, de la Macarena, del Señor de la Sentencia y una imagen pequeña de San José de la Montaña que me dejó mi tía Juana en herencia. Juanita era muy devota. El día antes de morir, la puso entre mis manos y me dijo que era un regalo y que la guardase para siempre. Y siempre viene conmigo.
– ¿Le gusta la Feria de Abril?
– No soy muy feriante. Si la visito es para acudir a la caseta «Pequeña Reina». Me agobia mucho el calor y la masificación.
– ¿Algún momento especial de la Semana Santa de Sevilla?
– La Macarena desde que sale hasta que entra. Me gusta verla a pie de calle, mezclándome con mis macarenos. Y también el Lunes Santo con el Cautivo de Santa Genoveva, porque iba con mi madre desde pequeña. No falto a la salida y, si puedo, la entrada.
